Una premisa diferente
La mayor parte de la riqueza actual existe en la abstracción: instrumentos financieros y carteras que dependen de sistemas que ningún individuo controla por sí solo. Los ingresos pasivos obtenidos de esta forma son legítimos, y yo los poseo. Pero soy una firme defensora de equilibrarlos con activos tangibles que aprovechen algo más sencillo: el valor que la propia vida genera, a lo largo del tiempo, dadas las condiciones adecuadas.
La tierra no desaparece. Puede degradarse o puede regenerarse. Y cuando se aborda con inteligencia, se convierte tanto en un lugar para vivir como en una estructura para preservar y aumentar el valor.
